Este post se lo debo a Otto desde hace tiempo (sabes lo difícil que se me va a hacer escribir esto, así que desde ya pido clemencia).
Poco antes de irme a Caracas, TY (un pana que comenta por aquí) me recomendó que en algún momento fuera a comer a El Salón Cantón, un restaurant chino muy conocido por allá. Yo le dije que ese tipo de sitios eran demasiado
pijos (sifrinos en venezolano) para mi y que si alguien me invitaba pues yo con mucho gusto iba, pero que de otra manera ni de vaina.
Y resultó que una noche Otto me invitó a cenar. Yo como siempre que me preguntan que qué quiero comer, me sacudí la horrible tarea de tener que decidir, de una le dije que escogiera él. Así que sin decirme a dónde íbamos el muchacho enfiló hacia Las Mercedes y mientras, yo hablaba hasta por los codos... cosa que no es que me cueste mucho, pero es que además el muchacho estaba afónico porque
(yque) se había resfriado en el viaje a Argentina.
Esa noche él estaba vestido como Paco, y aunque el traje tenía un pequeño descosido, no era algo que se notara mucho. Yo estaba estrenando un vestido negro que compré aquí para el verano con mangas de vestido de muñeca, aunque dudo mucho que él recuerde cómo eran las mangas.
Y llegamos a Mokambo, sitio en el que por cierto yo nunca había comido. El restaurant estaba lleno, así que nos pusimos en lista de espera y mientras, nos sentamos en la barra a esperar que nos llamaran. "Desean algo de tomar?" preguntó un chico detrás de la barra y Otto dice: "Me provoca un vinito" "Tenemos XXXX y BLA BLA de Chile" responde el chico.
Yo en realidad sólo lo miré, al chico, y le dije "ME puedes traer una carta de vinos?" La carta llegó, la revisé y sin pensarlo mucho escogí un Rioja, creo que preferí tomar un español por aquello de compartir un poco lo que tomo yo por aquí. El chico trajo la botella, ME la enseñó, yo le dí el visto bueno y preguntó: "Quién lo prueba?" "Yo" dije sin titubear, y seguí hablando ya ni recuerdo de que, lo descorcharon, ME sirvieron, lo olí, lo probé y dije "Umm está bueno", nos sirvieron y seguimos hablando hasta que nos llamaron a la mesa. Y mientras repasaba estos hechos en mi mente para escribirlos hoy, me dí cuenta que nunca le pregunté al pobre Otto si prefería otro vino o si quería probarlo él. Ouch.
Siguiendo sus recomendaciones, las de Otto, pedimos risotto, uno diferente cada uno. El mío de salmón y nueces, y de una mezcla de champiñones el suyo. Yo como niña buena me comí todo todito lo que tenía en el plato, en el mío, hasta los ciboulettes que Otto dijo que eran de decoración pero que yo, me comí igual. También como niña buena, lo ayudé a él con su plato, porque resultó que parte de los champiñones eran ahumados y al niño no le gustaron.
Y entonces, llegó el momento más esperado de la noche......
Los postres.
Yo, Trío de chocolate. Él, Fondant de chocolate. Y menos mal que él llevaba su cámara, así pude inmortalizar la noche..... con estas fotos.


La cena terminó con el pobre muchacho escribiéndome en papel lo que quería decirme... no le quedaba voz para más nada, y así terminó mi plato de postre...

Y hoy, casi 3 semanas después de esa magnífica noche, no puedo dejar de pensar... que no extrañé para nada El Salón Cantón.
(Complacido???)
Jackie: puse todas estas fotos de dulces de chocolate para tiiiiiiiiii!!!! Te quiero friend.